Buscando a Alaska

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Buscando a Alaska

Buscando a Alaska es una de esas series que, según en qué época de tu vida la ves, consigue hacerte reír, llorar y, sobre todo, pensar en si has logrado encontrar la pieza de tu rompecabezas que de sentido a tu existencia.

Sí, sé que esto puede sonar bastante existencialista o, incluso, trascendental, pero es que Buscando a Alaska, créeme, pretende serlo y en ocasiones lo logra con creces. (según el prisma desde el que la miremos, claro).

Sinopsis

El argumento de Buscando a Alaska parte de un planteamiento bastante sencillo y repetido hasta la saciedad: chico se enamora de chica. Lo bonito e interesante de la serie es que esa sencilla premisa sirve de punto de partida para una trama que mezcla en el mismo recipiente rupturas sentimentales, bromas de instituto, traiciones y romances con unas grandes dosis filosóficas, morales y teológicas.

Miles Halter es un adolescente de 16 años que, fascinado por las últimas palabras de gente famosa antes de morir, y abrumado, casi desesperado, por encontrar el sentido a su vida, decide cambiar su escuela por el instituto Culver Creek, un centro elitista que sirve de trampolín para acceder a las mejores universidades del estado. Allí, nada más llegar, se queda prendado de Alaska Young, una joven más experimentada y con un pasado que mantiene alejado del conocimiento de los demás, que, al igual que él, se encuentra en plena búsqueda de su lugar en el mundo.

Miles es un personaje con el que es muy fácil empatizar. No se encuentra entre los estereotipos del típico tío popular, cachas o atlético del instituto, ni se halla en el del debilucho que es objeto de burlas por parte de sus compañeros. Buscando a Alaska nos presenta a un adolescente normal y corriente, con sus propios problemas y dudas, que quiere encontrar el significado de algo tan sencillo y a la vez complicado como es el vivir.

En Culver creek pronto entabla una estrecha amistad con su compañero de habitación, Chip, al que todos llaman Coronel, Takumi, amigo de éste y la susodicha Alaska. La relación entre los dos primeros da lugar a momentos cómicos en unos casos y muy entrañables en otros (como la cena de acción de gracias en casa de la madre de Chip). 

Hasta aquí, leyendo solo estas líneas, puede dar la impresión de que la serie va a ser una de esas típicas de aventuras y romances de instituto que tanto éxito tuvieron antaño y que tanta pereza causan hoy día, pero Buscando a Alaska no cae en ese saco. Entonces, ¿qué la diferencia de las demás?

En busca de mi gran quizás

En los primeros compases del primer episodio escuchamos la voz en off de Miles decir, basándose en las últimas palabras del escritor y humanista francés françois Rabelais, que quiere encontrar su gran quizás.

¿Y qué es ese gran quizás? ¿Cómo pueden esas dos palabras poner el mundo de un adolescente patas arriba? Estas dos preguntas, y otras tantas que irán planteando los protagonistas de la serie a lo largo de los 8 episodios, son solo unas de las muchas virtudes que hacen que Buscando a Alaska destaque sobre el resto.

Como decíamos antes, la serie contiene grandes dosis filosóficas, morales y teológicas. Muchas veces, éstas llegan por parte de los jóvenes (como el laberinto que plantea Alaska del libro El general en su laberinto de Gabriel García Márquez) y otras, por parte de los adultos, como el director del centro, apodado El águila, o, sobre todo, por el profesor Hyde. Este último es sin duda el que logra que la serie consiga ese halo de inquietud y belleza, que sin pretender ser un Club de los poetas muertos, hace imposible evitar la reminiscencia.

¿Qué es, entonces, ese gran quizás? ¿La búsqueda de algo que de sentido a todo? ¿Dónde podemos encontrarlo? ¿En los amigos, en el amor…?

Quizás sea la adolescencia la etapa de la vida más propensa para buscarlo, cuando todavía todo lo que tienes por delante tiene un brillo diferente, esperanzador; cuando te sientes invencible e indestructible; cuando piensas que los adultos no tienen ni idea de lo que es ser joven y piensas que si les escuchas o sigues sus consejos envejecerás tempranamente; cuando la experiencia todavía no ha diezmado las ganas de conocimiento, ni envenenando con tedio y rutina el paso de los días, cuando aún no somos conscientes de que, por mucho que no queramos aceptarlo, no somos lo que tenemos, sino lo que nos rodea.

Buscando a Alaska no es, por tanto, una serie para todos los públicos. Muchos la tacharán de predecible o dirán que es más de lo mismo; la típica historia de amor adolescente, pero no es así. La grandeza de la serie de la que hoy hacemos esta crítica no está en ese romance entre sus protagonistas, está en su cuidada y bien elegida banda sonora, que le da ese aire independiente que tanto gusta, en sus diálogos, en las líneas que el guión reserva para esos momentos de reflexión, en las lágrimas y los silencios; en todo eso que nos hace mantenernos despiertos hasta altas horas de la madrugada buscando nuestro propio quizás.

Ficha Técnica

Título original: Looking for Alaska

Año: 2019

Duración de los episodios: 50 min aproximadamente.

País: Estados Unidos

Dirección: Clea DuVall, Rachel Lee Goldenberg, Rashaad Ernesto Green, Megan Griffiths, Brett Haley, Ami Canaan Mann, Josh Schwartz, Sarah Adina Smith

Guión: Josh Schwartz, Ashley Wigfield, Sarah Polley (Novela: John Green)

Reparto:

Miles Halter: Charlie Plummer

Alaska Young: Kristine Froseth

Chip “Coronel”: Denny Love

Takumi: Jay Lee

Profesor Hyde: Ron Cepas Jones

Mr. Starnes: Timothy Simons

Lara: Sofia Vassilieva

Buscando a Alaska
PUNTUACIÓN:
7
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