Homecoming

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Homecoming

Homecoming es un magnífico thriller que podríamos clasificar entre los que tratan “las conspiraciones desde el poder”.

Un subapartado muy interesante y muy actual. Trata de una organización que se dedica aparentemente a la recuperación psicológica de soldados norteamericanos que sufren secuelas por sus experiencias en la guerra.

Desde el principio nos damos cuenta de que ese no es el principal de sus objetivos y que hay algo más que nos será desvelado poco a poco. Y la manera de desvelarlo, con cierta lentitud, me ha parecido muy correcta, quiero decir que no es una lentitud que te haga desear que la acción se desarrolle con más agilidad, porque hay un buen pulso narrativo y además tiene dos características que la hacen bastante atractiva. La primera de ellas es la labor de los actores, que es especialmente destacable. La segunda, que detrás de la acción hay un guión bien escrito que dosifica la intriga con maestría. Todo lo demás: realización, dirección, montaje, música etc. está a gran altura.

Homecoming es un thriller que no tiene persecuciones ni asesinatos ni corruptos ni mafiosos. Todo es legal, porque así son las maniobras de los poderes públicos, sin resquicios y sin responsables.

Una característica muy singular es que la acción pivota sobre un personaje secundario. No la acción en sí misma sino las claves de la intriga y las claves de la investigación. Un personaje oscuro, perdido en el tejido gris de la burocracia estatal, que recibe una denuncia anónima en su mesa de trabajo; una denuncia sobre las actividades de la organización Geist.

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Julia Roberts es Heidi Berman en Homecoming

Este personaje es el encargado de desliar la madeja del complot. Normalmente esto siempre se le encomienda a un protagonista de renombre que suele ser un joven atractivo, un tanto friki, inspector o detective, que además rebosa sex appeal. Pero en este caso, Shea Wigham, el actor secundario del que hablo, no tiene nada de eso. Está cerca de la jubilación por edad, y encarna de manera integral lo que llamaríamos un hombre de despacho de tercera.

Subestimado por su jefa (una insoportable marimandona), es capaz de echarse a la espalda la revisión de un expediente que llena veinte anaqueles de acetas. Y es un secundario porque si contamos el tiempo de cámara que se reparten los actores, a este le toca el cuarto lugar. Brillantísimo.

En cuanto al resto de los actores, digamos que Julia Roberts cumple a un gran nivel. Ya no tiene el atractivo espectacular que derrochó en Notting Hill o en Pretty woman, pero ahora es una actriz más hecha y con más matices en sus papeles. Es un placer verla actuar. También hay que hacer mención de Stephan James en su papel de Walter Cruz, contraparte de Julia Roberts y que es uno de los más interesantes actores de color con que cuenta ahora el cine americano (él es canadiense).

Sorpresa estupenda también de otros dos secundarios. El primero Cannevale. Hace el papel de malo. Desde el principio y sin dudarlo se le ve el plumero y se hace inmediatamente odioso.

No es un malo al estilo Van Cleff o Jack Palance, es decir, con ciertos aires épicos; es un malo de nuestra sociedad: un tío prepotente, mentiroso, aprovechado, egoísta, manipulador, y, encima, listo y astuto como el hambre. Vamos, el tipo de persona que nunca querríamos tener de jefe en nuestro trabajo. (Es el jefe de julia Roberts en esta ficción).

Estos papeles son peligrosos porque puedes encasillarte en lo que vulgarmente decimos “el malo de la película” y se le suelen restar méritos a la hora de los créditos. Pero hay que dar a cada uno lo suyo, y componer con tanta solidez y convicción un tipo tan insufrible, tiene un gran mérito. Además lo hace dándole un aire personal muy creativo.

Otro personaje secundario de altísimo nivel, pero de muy limitado protagonismo es el que hace el papel de madre de Walter Cruz y que desempeña la actriz Marianne Jean-Baptiste. Una mujer de color, estereotipo de la persona desconfiada de todo lo que representa el poder con mayúsculas, y que no anda descaminada en sus sospechas. Un personaje de nervio y descaro que borda su papel de mujer de armas tomar y a la que es imposible mover de sus convicciones.

Sissy Spacek, la madre del personaje de Julia Roberts, hace un papel muy correcto, aunque le da pocas oportunidades de lucirse.

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Sissy Spacek en Homecoming (Foto de IMDB)

De manera que me atrevo a decir que aunque solo fuera por los actores “Homecoming” ya merece la pena verla.

La serie mantiene una calidad creciente hasta casi el final, aunque es cierto que no logra cerrarse en la cima, pero tampoco defrauda. En su descargo, hay que decir que es algo que ocurre en un porcentaje muy alto de series. Empiezan genial, se embarullan un poco en el nudo y bajan en el desenlace, que es el gran reto (me recuerda a lo que pasó con la segunda temporada de Big Littlle Lies). No todas pueden acabar de manera tan brillante como en The Wire o en Breaking Bad, que podríamos decir que son ejemplo de logros difíciles de igualar.

Homecoming ha obtenido muy buenos comentarios de la crítica y hay que verla fijándose y disfrutando de todos los detalles que los guionistas han sabido dosificar a lo largo de los diez episodios. Saboreándola.

Por Kassandra

Homecoming
PUNTUACIÓN:
8.3
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