El hombre del norte (2022)

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El hombre del norte no es una película apta para todos los gustos. El último largometraje de más de dos horas del peculiar director y guionista Robert Eggers no es fácil. Es la victoria del autor sobre la maquinaria hollywoodense, a pesar del gran presupuesto del que ha gozado (unos 90 millones de dólares).

Crítica de El hombre del norte. La venganza más cruel, salvaje y hermosa.

Robert Eggers se propuso narrar una historia de vikingos, y ser lo más fiel posible al contexto histórico en el que está ambiental la película, en el siglo X de nuestra era. Y para ello se ha inspirado en la “Vita Amlethi” de la “Gesta Danorum” (la primera historia de Dinamarca), que está considerada como la fuente principal de inspiración del Hamleth de Shakespeare.

Pero Eggers no se limita a rodar la Vita Amlethi, sino que la utiliza como excusa para contar esta cruel y salvaje historia de vikingos en el que resulta cautivador el empeño que su director ha puesto para ser fiel a la historia y ambientación de la época, y a la mitología nórdica en la que creían.

Eggers, autor de La bruja y El faro, aborda esta película de vikingos, con la mentalidad de uno de ellos. Consigue meterse en la cabeza de un hombre del norte, y narrarte esta historia como si te la contara alguien del siglo X. Desde el primer momento, todo lo que verás, bien adornado con unos toques fantásticos y místicos muy inspirados, respira autenticidad, realismo, magia, la sangrienta brutalidad de la época, y una historia que, sin ser distinta de lo que esperas, es completamente diferente.

Verás berserkers, verás vikingos —de los de verdad— y, huyendo de convencionalismos, verás odio, muerte, crueldad, amor, sufrimiento, rabia, suciedad, sangre y vísceras, y otros muchos sentimientos que llenan la pantalla. Pero no verás mucha acción, solo la necesaria, la justa y suficiente para dejarte con la boca abierta. Pero sobre todo, encontrarás furia, una furia desatada, que acaba envolviéndolo todo en un aura de misticismo y salvaje brutalidad, que resulta impensable en estos aciagos tiempos, en los que los efectos especiales amenazan con devorar el cine.

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Robert Eggers y su toque personal

Robert Eggers se escapa de los actuales cánones de Hollywood, y se asoma al clásico relato de Hamlet para, rodeado de un elenco espectacular, reformular este clásico, a su estilo y manera, de la forma más feroz y realista que uno pueda imaginarse.

Y verás más cosas que, para no hacer spoiler, no contaré en esta crítica, pero que te harán dudar de tu cordura, y de la del director, que cabalga por la pantalla, sin importarle un pimiento la opinión del público. Como es habitual en el cine de Robert Eggers, esta es una película de autor, pura y dura, que desde el minuto uno te encantará o te horrorizará. No habrá término medio. La historia que se narra da exactamente lo que promete, desde el fascinante inicio, hasta el impactante final.

Para filmar esta inusual película de vikingos, Robert Eggers juega con las reglas de la época, con una fotografía apabullante (de esas que ganan un óscar sin esforzarse), con una puesta en escena escalofriante, y con la dureza del acero que más corta, para imponer los sentidos y la magia, por encima de la historia que se cuenta, para retorcer el destino que las Nornas le deparan a este hombre del norte, y teñirlo de sangre y vísceras.

El hombre del norte no busca cabelleras, no cuenta sus víctimas, no busca heroísmo, ni busca la satisfacción de la venganza. El hombre del norte ruge su mantra, ese que aparece en todos los trailers, y que no se te va de la cabeza, “te vengaré padre, te salvaré madre, te mataré Fjölnir”, y lo retuerce hasta hacerlo irreconocible. Juega con el bien y el mal, como quien penetra en un campo de trigo con una afilada guadaña, y se propone no dejar una espiga en pie.

Anya Taylor-Joy, la clave

Pero el hombre del norte es mucho más que la fotografía, mucho más que la narración visual, y mucho más que la sencilla pero efectiva historia que se nos narra. El hombre del norte es un Alexander Skarsgard, que ruge como un lobo, grita como un trueno, y llena la pantalla con la furia desatada de un verdadero guerrero vikingo y que, sin embargo, no sería nada, o menos que nada, sin el aura deslumbrante de una Anya Taylor-Joy, que, con una absoluta sencillez, luce como un pulsar en una noche sin estrellas.

Esta película no sería la misma sin ella. Embota los sentidos, devora al lobo, refulge como el acero al rojo vivo, con cada aparición en la pantalla, abarcando todo el espectro de sentimientos. Es la actriz del momento, le pese a quien le pese, y en esta película está espectacular y brillante.

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A su alrededor, un reparto de secundarios de lujo. Ethan Hawke, creíble y sereno como el rey Aurvandill; Nicole Kidman, admirable y fuerte, que dota a su personaje de la reina Gudrun de muchos e inesperados matices; Willem Dafoe y Bjork, con unas breves y espectaculares apariciones, de las que ambos actores disfrutan, y que son un guiño para el público. Y mención especial para el actor Claes Bang, el inconmensurable antagonista de esta historia, en la que no acabas sabiendo si es el villano de la historia, o el héroe de la misma. La línea que separa al héroe del antihéroe, rara vez es tan fina.

Fue George Orwell el que dijo que la historia la escriben los vencedores, y no cabe duda de que esta película sería distinta, si se narrase desde la óptica de la reina Gudrun, o la del rey Fjölnir. No olvidemos que Amleth, en nórdico antiguo, significa “loco” o “no cuerdo”, y esta es una historia que hace honor a ese nombre.

El protagonismo de la mitología

La mitología y su simbología, son fundamentales en esta película, son las raíces, como las de Iggdrasil, el árbol del mundo, desde las que Robert Eggers teje esta historia de reyes, de sangre, de venganza y de muerte, en la que nada resulta indiferente. La excelsa fotografía, consigue que durante todo el largometraje te sientas atrapado, y a la vez fascinado por el empecinamiento del director en narrar esta historia como si se hubiese escrito hace más de mil años, siguiendo el folclore nórdico de manera racional y coherente.

La narrativa visual está llena de imágenes impactantes, a veces oníricas, a veces místicas, pero siempre estéticamente bellas y bien rodadas, que embriagan los sentidos.

Robert Eggers consigue que te zambullas en esta historia de vikingos, y que no seas capaz de salir de ella hasta que acaba. Pero tiene una virtud añadida, unos diálogos poderosos, bien construidos, sin adornos ni florituras estériles, y que están llenos de poesía, y a la vez cargados de realismo y gran autenticidad.

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¿A quién recomendar El hombre del norte?

El hombre del norte es una furiosa historia de vikingos, pero de los de verdad. Es una película distinta a lo que se acostumbra a ver en cines cuando hablamos de vikingos. No es una historia apta para todos los gustos y paladares. Los que buscan una epopeya vikinga de grandes batallas vikingas y glorioso esplendor, al estilo de las series “Vikingos” o “Vikingos Valhalla”, tendrán que buscar en otra parte. Los que busquen un cuento fantástico sobre vikingos, aderezado con la más salvaje brutalidad de la época, con el realismo más atroz, se darán un festín de esos que embotan los sentidos y te dejan exhausto.

El hombre del norte no busca una historia complaciente, solo se propone narrar la sucia, sangrienta y rabiosa venganza de un vikingo, aderezada con una fotografía esplendorosa, digna de esta brutal y fantástica historia.

En el género de los vikingos, para bien o para mal, habrá un antes y un después con El hombre del Norte.

Michael Fersaav


El hombre del norte (2022)
8
Valoración Final

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