La casa eterna, de Yuri Slezkine

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La casa eterna -Yuri Slezkine

Yuri Slezkine (Moscú, 1956) es el autor de este libro sobre la historia de la Rusia soviética. Lo aborda desde la biografía novelada y el ensayo, pasando por el análisis político, el costumbrismo, la educación, la economía y la filosofía.

Es, por tanto, un Opus Magnum de caracteres gigantescos y está amparado por un trabajo de documentación exhaustivo y admirable. Una obra de personas y personajes, donde se analizan sus trayectorias políticas, pero incorporando su vida privada, los entresijos de su intimidad. Tiene el interés de una novela, a la par que el atractivo de que sabemos que no hay nada escrito a mayor gloria de la literatura. La enorme potencia de los hechos que narra guía la pluma del escritor-historiador.

Slezkine ha conformado una orquesta donde mezcla pasajes de percusión atronadora con adagios, silencios y notas lúgubres de fagot. La melodía la conocíamos de sobra, pero Slezkine nos la ofrece con una deslumbrante instrumentación.

ARGUMENTO DE LA CASA ETERNA

El libro toma como base la gran casa moscovita del Gobierno donde convivieron un gran número de dirigentes soviéticos. Un edificio enorme, con más de quinientas viviendas, edificado enfrente del Kremlin. Esta es la referencia central, pero la acción parte de mucho antes de su construcción y termina con la caída del imperio soviético.

La obra se divide en seis partes cuya suma total de Capítulos asciende a treinta y tres. Algunos de ellos son casi independientes, aunque nunca se pierde la visión de conjunto. El lector que en algún momento pueda sentir que está en un capítulo “de pensamiento” o de un profundo análisis político que pueda resultarle de menos interés, puede perfectamente sobrevolarlo sin que la lectura pierda integridad, porque las personas, sus dramas y sus tragedias vuelven inmediatamente al primer plano.

SOCAVANDO EL ZARISMO

Personalmente, resaltaría los tres capítulos siguientes de las partes 1 ª y 2ª: “Los predicadores”” La Fe” y “El gran día”. Estos capítulos abarcan 200 páginas aproximadamente. No necesitan de fabulación, ni de imaginación, porque los hechos traspasan los límites de la fantasía. El lector se pregunta cómo es posible que un grupo minoritario de activistas, hiciera caer el poderoso régimen de los Romanov con trescientos años de existencia a sus espaldas.

Impresionante inmersión en los años previos al estallido de la revolución, presentándonos a los lunáticos e ilusos trabajadores que luchan contra el zarismo. Son los mismos personajes que creó Maksim Gorki en su novela “La madre”: los Vlásov, Véshovsikov, Búkin, Samoilov etc, cerrajeros, ebanistas, metalúrgicos, soldadores etc., que viven miserablemente y que se convierten en dueños de un imperio.

Se pasean por los salones de los palacios recién conquistados impartiendo órdenes y firmando penas de muerte. Salen de la literatura para presentarse en carne mortal, listos para protagonizar una empresa inconmensurable. Personajes de ficción que comparten con los de la realidad las mismas reuniones clandestinas, las mismas entradas y salidas de la cárcel, las detenciones, deportaciones, miedos, reparto ilegal de octavillas… pero ahora se llaman Sverdlov, Stalin, Bujarin, Voronski, Solt, Muralov etc.

LA GUERRA CIVIL

Se enfoca desde la lucha interna rusa y deja aparte la coalición internacional que veía en el comunismo un peligro para la estabilidad europea. Cruenta lucha entre blancos y rojos con especial énfasis en lo ocurrido en el cauce del Don y el Volga. Describe con amplitud la participación de los cosacos, las mutuas atrocidades que se cometieron por ambos bandos y el enfrentamiento de los lideres de las facciones con sus perfiles esculpidos a cincel. Cobran vida un sinfín de personajes: Kolchak, Denikin, Trotsky, Kornilov, Krasnov … y otros secundarios.

LA GRAN DECEPCIÓN y LA LINEA DEL PARTIDO

Esta es una crucial aportación de «La casa eterna» para comprender lo que ocurrió en Rusia tras la muerte de Lenin (enero de 1924). El comunismo es una nueva religión y la línea del partido se escribe con un contenido sectario y radical que se resume en el siguiente tríptico: 1) eliminar al enemigo 2) convertir a los infieles y 3) disciplinar a los fieles (pág. 449) A un lado quedan los apócrifos, a quienes hay que expurgar y, del otro, los cismáticos, los herejes y los enemigos del pueblo.

La línea del partido no es una línea recta que separe lo correcto de lo incorrecto, sino una línea curva que parte de la radicalidad bolchevique y traza una desviación chocante: la restauración de un sospechoso capitalismo de transición (la NEP) para moderar el ritmo de los cambios.

Slezkine aborda en profundidad los problemas derivados de este giro que instaura la confrontación interna como seña de identidad. Las purgas posteriores no pueden entenderse sin este vaivén de directivas. Ahora los ortodoxos del bolchevismo son perseguidos por el más tajante y brutal de los ortodoxos (Lenin). Y los perseguidos por postular la moderación, los que Lenin llamó con odio “los apaciguadores” (los mencheviques, por ejemplo), son los nuevos ideólogos. La paradoja es que a esas alturas ya no había mencheviques y los bolcheviques tienen que usar la moderación como disfraz (o como atuendo traicionero).

Más aún, las opiniones ortodoxas favorables a la línea antigua del partido emitidas en los tiempos más bolchevizados son tomadas como desviaciones subliminales a la nueva política del partido. Por tanto, también pueden ser perseguidas. De este modo, la sociedad política rusa entra en un laberinto sin salida. Frases y pronunciamientos que antaño habían sido ensalzadas ahora se aportan como pruebas de traición. Más tarde, ya con Stalin, cuando la línea vuelve a su radical rectitud los disfraces mencheviques también serán objeto de persecución.

La línea del partido es el Nuevo Testamento de la revolución que proscribe parcialmente la Biblia y que se rescribe día a día, y más vale conocer los cambios antes de hablar porque las acusaciones pueden venir de cualquier parte. De este modo se entró en la espiral del terror.

GEORGE PEREC

Slezkine toma de la obra de Perec la construcción de su capítulo “La casa eterna” y en “los parientes” (Parte 3ª) El enjambre de vecinos que habitan esa mole de 500 viviendas componen un universo variopinto unido por el bien de la causa. Eso le permite al autor abordar la parte más sibilina de la obra, allá donde normalmente los historiadores no suelen entrar a fondo. El costumbrismo, las envidias, y hasta ciertos toques de sálvame Deluxe le permiten adentrarse en las vidas privadas de los inquilinos de los que ya hemos tenido cumplida referencia en capítulos anteriores.

Aquí es donde muestra más el duro trabajo de documentación, que abarca el seguimiento de los inquilinos desde las posturas intelectuales hasta el voyeurismo de corrala. No creo que muchos historiadores hayan leído la obra de Perec, pero inspirarse en “La vida, instrucciones de uso”, avala el que hayamos incluido el costumbrismo como uno de los elementos motores del trabajo del autor.

EL JUICIO FINAL

Donde se analizan los años del terror.

Esta quinta parte de «La casa eterna» comienza con el asesinato de Kírov en 1934. Eugenia Ginzburg comienza su libro Vértigo con la muerte de Kírov. Shalámov dice que la verdadera represión comenzó en el 34, no en el 37. Ambos dos acabaron en el Gulag. La represión por la muerte de Kírov inicia los años del Terror, tan pavorosos como “La Terreur” francesa de 1793. Robespierre y Stalin sufrieron la misma sicopatía.

El primero fue devorado, como hijo de la Revolución que fue, pero Stalin aprendió de Robespierre y supo que tenía que acabar también con sus particulares Fouché (sus amigos y protectores). Así que amplió el radio de tiro. Se perseguía por sospechas y también por etiquetas: Los trotskistas, los radicales de izquierda, los descendientes de decembristas…

Y el asunto terminó persiguiendo a los que no rendían pleitesía con suficiente entusiasmo. En el texto leemos: “La contrarrevolución había aprendido a interpretar una mirada por la tensión de los párpados o por un leve temblor de las pestañas”. (Pág. 631). Slezkine nos relata la caída en desgracia de Kamenev, Zimoviev, las deportaciones de tantos miembros del politburó y los fusilamientos. El terror en su estado más puro.

LA SEXTA PARTE.

Slezkine ofrece no solo la historia contada tal cual se desprende de los testimonios y los hechos probados. Proporciona además su propia interpretación. Es decir, abandona en muchos momentos el papel de historiador para agregar la de pensador político, faceta esta que resultaría inoportuna, de no ser porque su análisis es tan interesante como riguroso y lógico.

Esta sexta parte del libro es un lamento por el sufrimiento de Rusia. Comienza con la infancia perdida debido al acoso a las familias y al pensamiento militarizado que manipuló a los niños, y acaba con unas palabras de Leonov en 1994 “(el comunismo ha sido) …el mayor cataclismo – religioso étnico y social- que hemos vivido jamás… el horror de los acontecimientos nos lleva a interpretarlo como el prefacio al epílogo de la humanidad”. (Pag 1388)

Resumiendo un tanto groseramente el fracaso del comunismo, según Slezkine: El comunismo abogó por la destrucción de la familia y de la propiedad privada, dos cosas que están en la genética de la naturaleza humana. También arrancó de cuajo el culto a la espiritualidad, con la destrucción de iconos, iglesias y catedrales. La sociedad rusa nunca aceptó romper esa tradición milenaria.

Último pensamiento de Slezkine: el bolchevismo es una aventura fracasada para mostrar a la humanidad un camino inexistente.

RECOMENDACIÓN

«La casa eterna» es una obra indispensable para los estudiosos o interesados en la historia del siglo XX y especialmente del comunismo tras la revolución de 2017.

Es digno de resaltar su carácter humanístico e integrador de elementos intelectuales y sociales.

Slezkine se sale de la tradicional frialdad de los historiadores para conformar un texto con elementos de la literatura de creación (ficción), es decir, consigue un extraño, paradójico y meritorio resultado cual es la fabulación de la realidad sin retorcerla ni manipularla.

LA EDICIÓN

Sobresale la excelente traducción desde el inglés de Miguel Temprano García.

Trabajo ímprobo el de mantener el nivel a lo largo de tantas páginas y es una labor que, sin duda, se sustenta principalmente en la vocación.

El libro incluye una cantidad ingente de fotografías en blanco y negro que complementan muy bien la narración.

Acantilado nos regala esta obra, y aunque el libro tiene un precio alto, aproximadamente 40 euros, no es tal si tenemos en cuenta la cantidad de horas de lectura reposada que nos lleva recorrer sus 1.500 páginas. Sin contar la enorme calidad que encierran todas ellas.


Reseña: LA CASA ETERNA
(Saga de la revolución rusa)
Autor: Yuri Slezkine
EDITORIAL: ACANTILADO (Quaderns crema)
Primera edición: Junio 2021
Traducción del inglés: Miguel Temprano García.


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La casa eterna, de Yuri Slezkine
9.5
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