Cara de pan | Sara Mesa


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Cara de pan, de Sara Mesa

Qué placer, encontrar en Cara de pan a un autor que no trata de epatar, ni remover, ni sacudir al lector, sino que lo envuelve en un tejido argumental liviano donde todo transcurre sin prisa.

Un estilo muy maduro, pausado y con dominio del tempo que hace de la narración un objeto de disfrute.

El texto de Sara Mesa, (Madrid, 1976), trata explícitamente de temas como la soledad, el aislamiento, la singularidad y la necesidad de comunicación, pero, además, implícitamente, de otros como el bullying, la afirmación sexual, el esencialismo de género y el fracaso personal. El del protagonista adulto, un fracaso de carácter integral, el de un hombre, ya mayor, refugiado en la observación de los pájaros y en la música de una cantante de soul de los 60.

Es el fracaso de una vida que ya no admite recomposición. El de la niña es el fracaso temporal de su difícil incorporación a la adolescencia. En ambos casos el resultado les lleva a la autoexclusión y a la búsqueda de la soledad. En ambos casos, también, a encontrar en el descontento del otro la búsqueda de un denominador común. Ese denominador común es el inicio de una amistad imposible.

Con ese telón de fondo el lector se va imaginando el peligro que acompaña sus encuentros; tanto más cuanto que transcurren en horas lectivas, y en un parque poco transitado. Por eso, el relato de Sara Mesa, aunque aparentemente apacible, discurre por un camino que bordea un peligroso precipicio: el de las sospechas, las perversiones y las tácticas depredadoras con las que nos abruman con detestable frecuencia los telediarios.

Sin embargo, el relato recorre un camino paralelo sin tremendismo, lo que hubiera resultado fácil; y la autora se ciñe a su propósito y renuncia a la tragedia regalándonos un rompecabezas sin desempaquetar que deja en el aire lo que hay o puede haber detrás de la historia.

Los dos libros de Cara de pan

Por tanto, y resumiendo lo antedicho, hay en “Cara de pan” dos libros en uno: el que narra lo que ocurre superficialmente en un estilo liso, agradable y sensible; y otro lleno de connotaciones que aborda circunstancias ocultas. Vista la novela desde cualquiera de los dos enfoques el resultado es excelente.

En el caso de la protagonista merece la pena subrayar la oportunidad de hacer coincidir el bullying a que la someten en el instituto sus compañeras, con la erupción de sus hormonas en el final de su niñez, lo que resulta un jeroglífico para la adolescente. El bullying es solapado y subrepticio y da título a la novela.

El mote “Cara de pan” es aparentemente inocuo pero de un efecto devastador para la niña y es un prodigio de maldad subterránea, porque ataca cualquier propuesta identitaria tan importante en un momento crucial de su vida. Siempre hay listos en la niñez que actúan de líderes y hacen reír a su coro de prosélitos a costa de una víctima.

Relato a medias entre pinceladas tenues, a lo Turner, y grisallas de pequeños cristales puntiagudos donde uno adivina o imagina un sinfín de historias paralelas.

Sin dudarlo, tenemos que poner a Sara Mesa en la lista de autores especiales a los que continuar siguiendo de cerca.


Puntuación:

9

Por Isidro M. Gimeno. 21/08/2919

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