Los crímenes del Tíber | Adolfo Rodríguez Gómez

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“Los crímenes del Tíber” es una novela en la que su argumento destaca claramente y se eleva sobre los diversos elementos que conforman un relato, incluidos los personajes, pilares básicos de cualquier narración pero no aquí, no desatendidos, pero sí, casi oscurecidos por una narración febril y compleja, interesante desde su inicio y hasta un final impresionante que llega a sobrecoger y que el escritor termina con seguridad y evidente acierto.

En honor a la verdad sí hay que decir que los tres protagonistas principales, el inspector de la Interpol Oriol Duarte, carismático personaje con unas características propias y bien definidas ya en obras anteriores, una desaparecida Giulia Bernardi y un enigmático y singular desconocido, ayudan sobremanera a una trama desarrollada a la perfección por Adolfo Rodríguez. Inquietante, escabrosa y también delicada por entrar de alguna manera en relación directa con los papeles Vatileaks.

La filtración de documentación altamente sensible provocó un escándalo que sacudió los cimientos del Vaticano a finales de 2012. Un periodista de investigación con apoyo dentro de la Curia y respaldado por su periódico destapó la corrupción existente en la sede vaticana. Los documentos pusieron al descubierto actuaciones corruptas, enfrentamientos internos, lavado de dinero, chantajes a obispos homosexuales, abusos y prevaricación.

La “invitación obligada”, con la excusa de su delicado estado de salud a Benedicto XVI para el abandono de sus funciones y retirarse a Castel Gandolfo, dio por terminado todo el asunto, por lo menos hasta donde se nos ha permitido conocer.

De qué trata “ Los crímenes del Tíber” de Adolfo Rodríguez Gómez.

1983. Roma. Giulia Bernardi, una joven de quince años, residente en el interior del Vaticano al ser su padre funcionario de la Santa Sede, ha desaparecido. En la actualidad, cuarenta años más tarde, el cardenal Fabbri muere repentinamente por un fallo en el marcapasos que portaba. Pero ocurre que en uno de sus bolsillos aparece un dispositivo que altera su funcionamiento. En esas mismas fechas el inspector de la Interpol Oriol Duarte, que se halla en la localidad cercana de Fiumicino de vacaciones, se encuentra en la puerta de la caravana que tiene alquilada durante esos días un paquete.

En él, un nombre, Giulia y unas páginas de un diario. Un nuevo paquete con nuevas páginas aparece sobre el asiento de la Vespa que el inspector tiene alquilada para sus desplazamientos por la ciudad. No han pasado ni 24 horas. El nombre del Cardenal vuelve a aparecer repetidamente. Pronto los dos nombres se relacionan. Ambos residían en el interior de la sede vaticana en 1983 cuando la chica desapareció; y surgen dudas ¿Ha sido asesinado el Cardenal? ¿Dónde se encuentra Giulia? El caso de la joven se reabre. Oriol pide a su jefe en Lyon, la sede de la Interpol France, Lefebvre que, dado que se encuentra en la zona, le asigne el caso.

El hecho de encontrarse un paquete en la puerta de su casa y otro sobre su vehículo con el diario de la joven es significativo. Con un equipo de profesionales formado en pocas horas Oriol comienza un trabajo que parece imposible después del tiempo transcurrido. Las nuevas tecnologías y un nuevo integrante del equipo, Andrea Cialdoni, pasan a ocupar el protagonismo y en pocas horas todo cambia, el vuelco es sustancial, pero al mismo tiempo, insuficiente.

La escritura de Adolfo es firme, segura, como si él también estuviese inmerso en la investigación. Importan los hechos, el resto sobra. La narración está impregnada del arte que la ciudad respira y como si la belleza de Roma se apoderase de la pluma y voluntad del escritor, Adolfo, que parece que ha estado por allí y sufrido el síndrome de Stendhal, se detiene de manera esporádica en la descripción de sitios y lugares de “La Città Eterna” refiriéndose a la cultura, el arte y al singular atractivo de una ciudad cuna del conocimiento.      

Impecable la investigación del equipo del inspector Oriol que Adolfo transmite con una excelente meticulosidad. En “Los crímenes del Tíber” Adolfo Rodríguez va desgranando la vida y el sufrimiento de una chica muy joven. El miedo y el infierno al que se vio sometida una niña durante su estancia en el Vaticano. Poco a poco su diario nos va descubriendo un mundo de abusos insoportables ruines y sucios. La investigación que avanza imparable da resultados.

Los descubrimientos se suceden y las sorpresas son constantes. Los paquetes siguen apareciendo en los sitios más insospechados, aportando datos y acusaciones. Un misterioso personaje que, a la vista está, ha realizado una investigación anterior y posee un amplio conocimiento del tema se anticipa a la actuación del equipo policial. Oriol Duarte no se lo explica.

La narración por momentos conmueve. La frustración, el sufrimiento y los deseos incumplidos de Giulia estremecen. Adolfo consigue un relato tenso, brutal en ocasiones, con un intenso suspense mantenido a lo largo de la obra. El diario de Giulia adquiere protagonismo absoluto. A través de él los sucesos se van aclarando, los sucedidos hace cuarenta años y los acaecidos en la actualidad y poco a poco la verdad va mostrándose cruda, desnuda, violenta.

Adolfo consigue una espléndida resolución. El enfrentamiento silencioso, donde las palabras sobran es sobrecogedor. Un final nacido del dolor y resuelto de manera tácita por una justicia, que responde de manera efectiva.


LOS CRÍMENES DEL TÍBER.
Autor: Adolfo Rodríguez Gómez.
Fecha de publicación: 26 febrero 2026.
Género: Thriller policíaco.
Páginas: 302.
Editorial: Publicaciones Independientes.


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