
“El sabor de la derrota” es una novela negra pura y dura, pensada y creada para entretener.
Y que cumple sobradamente con el objetivo que imagino cualquier autor tiene en mente desde que empieza a escribir hasta su lanzamiento, que se disfrute, en dos palabras, que guste, porque efectivamente el fin último está conseguido.
La novela es suficientemente entretenida para ello. Cuarta entrega de la serie protagonizada por el teniente de la Guardia Civil, Pablo Roncero, el inspector de la Policía Nacional, Paco Bermejo, la jueza Macarena Velasco y la escritora Miriam Monfort y cuya quinta publicación está ya anunciada para el veintiuno de febrero del veintiséis.
Interesante enfoque el de Rodera, porque en esta ocasión conocemos la identidad de quien comete los crímenes, desde el comienzo. Alex Barreiro, estudiante brillante que posteriormente destaca en su profesión al que diferentes hechos desgraciados van haciéndole cambiar, provocándole un evidente desequilibrio que le hace distorsionar la percepción de las cosas, instalando la locura en su cerebro.
El autor desarrolla sus crisis; cómo el dolor va transformando su mente hasta trastornarla, cómo sus pensamientos reiterativos van dando paso al odio exacerbado e irrefrenable, pero que le aporta la solución a sus problemas despertando deseos incontrolables de venganza. Pagarán por el daño infligido, pagarán por su maldad. Alex ve justas sus motivaciones, su mente ilógica normaliza lo anormal y ve claro y natural su comportamiento. Disfruta lo que hace y quiere que se conozca.
Sabe que arriesga. Lo sabe y a propósito se expone. El sufrimiento insoportable provocado por el daño causado ha sido tan tremendo, que entiende que eliminando a los causantes ayuda al sistema, suprimiendo lo que considera elementos enfermos y potencialmente dañinos. Hay una voluntad incontrolable de actuar y en su locura, imposible de controlar, decide el método a utilizar, la eutanasia activa, asistiéndoles y facilitando su suicidio.
Alex es una persona castigada por el destino, pero que al mismo tiempo se autodestruye en un falso y devastador victimismo sin ceder un ápice en un plan buscado a propósito para lanzar un desafió mortal a Roncero y Bermejo.
De qué trata “El sabor de la derrota” de Armando Rodera.
Unos meses después de la resolución del caso del robo en la Galería de las Colecciones Reales, Roncero y Bermejo vuelven a encontrarse en Madrid para esclarecer un asesinato ocurrido en la iglesia de San Antonio de los Alemanes. El periodista Ricardo Altolaguirre ha aparecido muerto con síntomas de envenenamiento.
Las características del crimen son particulares e inquietantes. Por razones desconocidas su autor, Alex Barreiro, ha buscado relacionar de alguna manera con el crimen a ambos investigadores y a la última novela de Miriam Monfort , dando a conocer el dato de su conocimiento de la obra de la escritora. En algunas páginas de su novela, que ha dejado sobre el regazo del periodista asesinado, hay frases y palabras subrayadas lo que desconciertan aún más a los investigadores, que no entienden las pretensiones del asesino.
Rodera nos da a conocer muy pronto a Alex y de esta forma seguimos sus pasos y los de la policía simultáneamente. Cuando el segundo asesinato se produce comienza una carrera contrarreloj para impedir nuevos asesinatos y atrapar a quien parece que tiene una cuenta pendiente con ellos y que les ha lanzado un reto mortal. Pronto se dan cuenta de que también ellos corren peligro.
Alex se mueve con facilidad, les observa, está cerca, les desafía. La situación comienza a angustiar a los dos hombres e intentan ocultar a sus respectivas parejas los hechos para evitar que se inmiscuyan en la investigación. Cuando ellas se enteran el enfado que cogen es monumental, de los que más vale callar; quieren ser parte activa en el caso, porque a las dos les afecta.
¿De verdad pensaban Roncero y Bermejo que no se iban a enterar? Una sensación incómoda se apodera de los dos hombres que no pueden evitar que ninguna de las dos actúe por su cuenta. Ellas entienden que los contactos que tienen en sus respectivas profesiones pueden ayudar.
Tras una primera parte distraída y entretenida, Rodera introduce un elemento no esperado y nada habitual. Alguien conoce al asesino. La incorporación del personaje de Jorge Terrados con sus especiales características supone un aliciente que aporta algo más que interés y el suspense aumenta. Ya no hay dos brazos en la balanza, policía y criminal, una tercera fuerza irrumpe con fuerza y da solidez al relato. Rodera seguro de lo que tiene entre manos maneja la trama con solvencia y firmeza.
Manteniendo el alto ritmo fijo marcado, el autor encamina la narración hacia su final. El protagonismo de las dos mujeres se incrementa y la novela gana con ellas. Mientras el personaje de Roncero aguanta bien su empuje el de Bermejo se oscurece un tanto y pierde fuerza. Miriam hace a su pareja más grande porque Pablo, el teniente de la Benemérita, ha ido adquiriendo carácter y personalidad.
Cuando Armando Rodera ha conseguido situarnos en un punto de máxima atención, introduce una situación angustiosa, donde se percibe la ansiedad de Macarena y Miriam ante la posición en la que Alex Barreiro las ha colocado. Con un más que evidente desequilibrio emocional y a un paso de la locura, toma su decisión final que es una verdadera bajada a los infiernos.
El escritor prepara y afronta un excelente doble final dentro de una situación ya desbocada y al límite. Alex, que ha conseguido colocar a todos en el escenario donde quiere que estén, sin nada que perder, juega y espera. Roncero y Bermejo actúan a la desesperada. El tiempo se ha acabado, pero también para Alex Barreiro que de repente tiene prisa por terminar su trabajo.
Armando Rodera contagia el stress, la ansiedad, las prisas del operativo policial, cuando Alex cambia su “modus operandi” y coge a todos desprevenidos en unas secuencias de vértigo por la rapidez con la que el escritor encara su parte final, con otra fuerte sorpresa adicional en sus últimas líneas.
EL SABOR DE LA DERROTA.
Autor: Armando Rodera.
Fecha publicación: 14 noviembre 2025.
Editorial: Pedro Urvi.
Género: Novela Negra.
Páginas: 437.
