
“Festín de buitres” es la tercera novela del escritor de Mollet del Vallès, Raúl Sánchez.
Luis Costa, ex combatiente en el Rif, ex corresponsal de guerra en la contienda del 36 y en la actualidad investigador privado en la Barcelona del 42, es de nuevo el protagonista de esta tercera entrega.
La ciudad es un nido de espías donde la Abwehr, el servicio de inteligencia alemán de la época se mueve con absoluta libertad y en la que el tráfico, las más de las veces ilegal, de todo aquello con lo que se pueda comerciar se ha convertido para muchos en el único modo de sobrevivir y para unos pocos en el modo más impune y fácil de enriquecerse.
Buena escritura, un personaje bien desarrollado, un buen argumento bien contado y sobre todo la rigurosa y estudiada ambientación con unos escenarios conseguidos con perfección, consiguen que esta nueva aventura de Costa se convierta en una excelente novela negra. Con 40 años el detective es un hombre roto después de unos años muy duros en dos guerras.
Solitario, algo cínico, valiente, lo que le permite u obliga la necesidad, honesto a su manera y un poco, o quizás algo más, querido de sí mismo, canalla, con sorna, guasa y recursos. Respeta las normas siempre, menos cuando considera que no son acordes a la situación, readaptándolas a su manera para que mantengan un justo equilibrio. Recuerda mucho a los detectives americanos de mediados del siglo XX, y no solo porque compartan espacio temporal o por el inconfundible sombrero panamá del protagonista, sino por el “climax” alcanzado en una soberbia escenografía dentro de una atmósfera cargada y agobiante.
Acostumbrado a pasarlo mal, el detective sabe encajar bien los golpes, y no sólo los físicos, de los que de vez en cuando también recibe más de uno. El escenario se abre muy pronto a un espectro de posibilidades demasiado amplio, lo que da espacio suficiente para desarrollar una trama complicada y hay que decir que lo hace con acierto, porque “Festín de buitres” es una novela muy entretenida.
Buena escritura la de Raúl Sánchez, jovial, desenfadada, inteligente. De tan cercana, “engancha” pronto, es atractiva. Parece que escribe el mismo Luis Costa. Raúl utiliza con habilidad los mecanismos propios de la escritura como el acceso léxico y su planificación y eso se nota en su cuidada alografía consiguiendo así un texto que tiene cohesión.
De qué trata “Festín de buitres” de Raúl Sánchez García.
Barcelona. 1942. Luis Costa, en la actualidad investigador por cuenta propia acepta el trabajo que le encarga una de las figuras más importantes del empresariado catalán, José Ferrol. El empresario está siendo sometido a un chantaje feroz, a causa de unas fotografías comprometedoras, con el que quiere terminar. En esta Barcelona del 42 un cuadro descatalogado y semidesconocido del pintor holandés Johannes Vermeer, máximo exponente del movimiento barroco de su época, ha aparecido, pero nadie da con él. Objeto de deseo para muchos, el cuadro indirectamente, mata.
Su paradero pasa a ser clave en la resolución del chantaje y Costa se pone a ello. El detective encuentra un apoyo importante en Elena Mascarell, en la actualidad una reconocida restauradora de arte, a quien conoció durante un transporte de cuadros, que eran trasladados de Valencia a la ciudad Condal, para su protección de los bombardeos y que Costa cubrió durante la guerra española como corresponsal entonces del diario conservador francés Le Figaro.
El autor aprovecha esa breve analepsis para dar a conocer el primer encuentro con Elena, para mostrarnos toda la crudeza de la guerra, nos sumerge en ella, nos sitúa en medio del caos donde salvar la vida se convierte en una prioridad inmediata.
El escritor que se ha documentado a conciencia novelando hechos verídicos con rigurosidad ha situado la acción en un escenario difícil, donde agentes alemanes se mueven con total libertad por la ciudad. El momento que vive Barcelona es delicado, con Europa en guerra y recién salida España como estaba de una guerra civil que dejó al país hundido y sembrado de odio, caldo de cultivo para el tráfico ilegal de todo tipo de objetos incluido el de obras de arte. Raúl maneja todo ese inmenso tinglado como si él lo hubiese creado. Se mueve a gusto en él, mientras a sus personajes les cuesta bastante más.
Bien planteada una trama exigente en la que Raúl Sánchez consigue secuencias magníficas como la fiesta previa a una subasta en la mansión de Ginestá, convertida por unas horas en un nido de espías junto a la élite de la sociedad catalana, reunida para hacer negocios.
Conversaciones clandestinas, encuentros fingidos, voces apagadas como la veladura de un lienzo y amenazas silentes se van sucediendo en una soberbia escena que me ha hecho recordar, por la tensión que se respira, la del café de Rick en la película “Casablanca”, obra maestra de M. Curtiz. La intriga en su punto más alto y el suspense que emana de ella se apoderan de la situación irreal que se crea durante la velada, provocando todo tipo de reacciones y un desconcierto total.
FESTÍN DE BUITRES.
Autor: Raúl Sánchez García.
Fecha de publicación: 19 marzo 2026.
Género: Novela Negra.
Páginas: 386.
Editorial: Publicaciones Independientes.
