
“El asesino de invierno” es una novela que tiene un inmejorable comienzo. Atractivo y con una inteligente presentación de personajes en la primera reunión del equipo policial.
Tan sencilla como efectiva. Ambiente y escenario que la autora plantea desde ese inicio tienen calidez. La tensión entre la forense Cecilia Flores y el inspector Martín Benot, está muy bien tratada y se sigue con atención. La novela es agradable de leer, empática. Toda la parte no criminal, encajada en la propia investigación, se desenvuelve bien y con una creciente curiosidad por lo extraño que esa relación en sí misma encierra.
Pero la novela es negra en su integridad. Un asesino inusual aparece en Tesalia, localidad cántabra encajada entre un valle entre montañas y cercana a un bosque. Lo inhabitual de sus crímenes siembra el miedo y cuando transcurridos unos días no hay ningún dato fiable del cual ir tirando, las cosas se complican y aún más cuando el criminal vuelve a matar. Para el motivo y el porqué de sus actos el equipo policial no tiene respuesta alguna.
Al igual que en la excelente “La Dama y la Muerte” Greta Alonso da muestras de una elocuente originalidad expresiva y narrativa. La capacidad de sorprender es tal que podría asegurarse que es una de las particularidades de su escritura. La sobriedad y naturalidad con que lo consigue es envidiable. Greta aprovecha sus cualidades para “soltar” todo lo que lleva dentro. El modo en el que lo hace es lo que atrae. Greta consigue tensionar las situaciones hasta la rotura total.
De qué trata “El asesino de invierno” de Greta Alonso.
Costa cantábrica. Septiembre 2024. El cadáver de Helena aparece junto a un río, bocarriba, encapuchada y con un extraño traje. Martín Benot inspector de policía recién llegado a la ciudad se encuentra el cuerpo mientras paseaba con su perro. ¿Casualidad? Casi al mismo tiempo Marcos Maura, 24 años, hijo de un magnate de la ciudad, desaparece. Así comienza una novela, tercera de la autora, en la que a partir de ese momento todo sucede a ritmo vertiginoso y en la que Alonso nos va introduciendo poco a poco en una trama que se oscurece por momentos.
Retorcida, inusual, inteligente y, en algunas ocasiones y por compleja, en algún momento, difícil de seguir. La investigación es relacionada pronto con hechos del pasado, lo suficiente como para poder obtener datos fiables que les permitan avanzar. La ex del inspector Benot, recién salida de la cárcel por una conexión con Julio Mena, cabeza del narcotráfico de la zona, se incorpora al relato, dándole aún un toque más oscuro. Las relaciones personales entre los diferentes protagonistas cobran importancia; más, cuando entran en relación directa con la trama.
Alonso aumenta la intriga, al mismo tiempo que introduce nuevas subtramas. Unas relacionadas y otras no tanto con la principal, lo que complica bastante las cosas para Benot, cuya situación personal está pasando por un mal momento. Las cosas se van enredando y más cuando sucesos de un pasado reciente son determinantes en hechos actuales, a pesar de lo cual no se encuentra ilación alguna. Tesalia no es una ciudad grande. Se puede decir que la población se conoce.
Esos crímenes brutales y absurdos no tienen explicación. Temas personales, y hay para regalar, se mezclan con los profesionales. Movimientos continuos, cambios, sorpresas y descubrimientos se van sucediendo mientras Benot no entiende nada, Cecilia aún menos y los demás ni se enteran, mientras van de un lugar a otro buscando pruebas, sin encontrar ninguna. Greta, que sujeta bien y con fuerza la trama, parece disfrutar con ello, sonríe, y cómoda, aprieta, como si su mente estuviese en modo de creación continua y sin cortarse un pelo fuera incluyendo sus nuevas ideas “a su manera” con una naturalidad insultante.
Toda la segunda parte es impresionante. Capítulo a capítulo Greta va tejiendo una trama extraordinaria, como si Cantabria Infinita la hubiese captado en toda su esencia e integrado a golpe de cincel en cada uno de sus personajes, porque el relato tiene vida, rezuma energía. La escritura de Greta denota carácter. Es firme, segura, la autora le imprime precisión.
Quizás sea por la abundancia de hilos o excesivos temas personales y demasiados espacios temporales, pero hay momentos en que el relato desorienta y produce esporádicas confusiones. Un puzzle monumental resuelto al final con fortuna que tiene su cúlmen en la larga explicación final. La necesidad de conocer causas, motivos y autor de los crímenes se convierte en prioritario. La novela tiene una trama tan inteligente como compleja. Requiere atención a la lectura, pero no cuesta prestarla porque es interesante, e intriga y suspense no le faltan.
