
“El agua nunca olvida” es una excelente novela negra en la que el autor introduce una parte de ficción, allá donde la realidad deviene alterada por fenómenos sin explicación, como si el tiempo se alterase o los espacios se superpusieran.
La obra de Arturo Gómez es interesante, curiosa, porque estos fenómenos despiertan inusitada curiosidad y el autor los adapta y enmarca bien dentro de la realidad en la medida en que sus personajes le dejan y lo hace de tal manera que la narración se lee bien y rápida. Hay que abandonarse a ella y de verdad que se disfruta y quién sabe si hay en ella más realidad y menos ficción de lo que aparenta. El tiempo nos lo dirá.
La acción se desarrolla en Galicia más concretamente en Mondáriz a orillas del rio Tea, cuyas aguas destacan por su pureza natural carentes de contaminación ambiental. Los hechos se suceden con extraordinaria rapidez. Mitos y leyendas, próximas al animismo que atribuye alma vida o conciencia a elementos naturales e incluso a objetos relacionados con la naturaleza, se funden y confunden con cultura y creencias ancestrales, alterando la realidad, en un relato abierto con un punto mágico y misterioso que emana de una tierra única, tan mágica, y en alguna ocasión tan oscura, como Galicia, donde la lluvia empapa hasta el alma.
Una llamada de teléfono inicia un relato que va adquiriendo un tono cada vez más sombrío. Lo que está ocurriendo rompe la lógica. Hay cosas que no se pueden explicar y eso pone en alerta y asusta al equipo policial dirigido por la inspectora Laura Rivas, que comienza a ver el caso con reservas y algo de miedo.
Dotar a una narración del misterio que produce traspasar la barrera de lo real para adentrarse en el terreno paranormal o sobrenatural, entraña riesgos, máxime cuando hasta un determinado momento el relato transcurría dentro de parámetros normales y racionales. Arturo no duda, sabe lo que quiere y afronta ese reto con seguridad, consiguiendo que las primeras dudas desaparezcan y confiemos en él. La línea real, separatriz de dos mundos antagónicos y opuestos, se muestra difusa, difuminándose poco a poco hasta terminar desapareciendo.
De qué trata “El agua nunca olvida” de Arturo A. Gómez.
Cuando el teléfono de la inspectora Laura Rivas suena a una hora intempestiva ella sabe que algo grave y urgente ha pasado, pero ni se imagina hasta qué punto. El cadáver de una mujer, completamente desfigurado ha sido arrastrado por el río hasta la orilla. El crimen es bestial. Todavía en estado de shock por la virulencia y brutalidad del hecho, un nuevo crimen transcurridas escasas horas y de las mismas características pone de manifiesto que se encuentran ante un psicópata completamente loco.
No es el último. A partir de ahí la inspectora, ayudada por una simpática y joven agente, Sandra Gómez, que capta enseguida nuestra atención, némesis y contrapunto inteligente de Rivas, comienza una investigación en la que son los hechos que van sucediendo los que le marcan el camino. Lo que ocurre es insólito, irracional e inexplicable.
No hay una respuesta normal a lo ocurrido y ese es el peor de los panoramas. Rivas, desabrida y malhablada, desconocedora de lo que implica el cargo y sin ningún tacto, es adusta y chulesca en el trato con todos en general, con sus inferiores, más. Aunque luego mejora, debido en gran parte a Sandra, cae mal en un principio, no responde a criterios de personaje protagonista. Algo explica el hecho de venir de madre soltera con un hermano con síndrome de Down y otro delincuente y drogadicto.
La novela roza y penetra en la realidad ficcionada, en lo sobrenatural, que por encima de lo normal y cierto, existe, está ahí y en ese punto Arturo nos abandona en medio del bosque y a orillas del Tea que se entretiene bajando y subiendo su caudal a voluntad, junto a unos protagonistas asustados, que sin embargo no pierden la cara ante hechos cuya explicación desconocen. La lectura, inquietante, nos mantiene en un suspense continuo.
Los hechos incomprensibles se suceden, no hay pausas. Laura, Sandra, el forense, miembros de la Científica y un par de agentes se ven sobrepasados ante una grabación de locura y una aparición que no es tal; como si pasado y presente compartiesen el mismo espacio imposible. No hay reacción adecuada ni viable porque todo debería de tener una explicación racional, lógica y Arturo demuestra que eso es así, hasta que deja de serlo. Diálogos ingeniosos y oportunos dentro de una escritura suelta y sólida, que proviene de alguien con las ideas claras y que sabe cómo expresarlas.
“El agua nunca olvida” es una novela entretenida, un cuento de terror con el sabor del miedo rural, del respeto a la información y conocimientos transmitidos en formato superstición. Creencias, contrarias a la razón, con aspectos sobrenaturales. El relato interesa, capta nuestra atención desde el inicio.
Eso es lo que busca el escritor y en mi opinión lo consigue en su totalidad. Todo ocurre en pocos días. No hay tiempo para pensar, los hechos obligan. Las leyendas surgen y son fruto del conocimiento por eso conviven con los sentimientos. Realidad y ficción, un solo corazón, dos pulsaciones diferentes. Arturo A. Gómez ha unido ambos mundos para ofrecernos una narración con evidente ingenio, difícil, susceptible de caer en lo absurdo. Sin embargo la habilidad del autor para tratar un tema tan delicado es innegable. Pasado y presente se funden a orillas del río Tea.
