Crítica de Pluribus: una serie de ciencia ficción que habla de identidad, amor y resistencia

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Pluribus me ha gustado mucho. Y no es una opinión inicial provocada por un primer episodio impactante, sino una conclusión reposada tras haber visto completa su primera temporada. No es una serie que busque el aplauso inmediato ni el impacto fácil; al contrario, su mayor virtud es que se va asentando poco a poco, construyendo un mundo coherente y una historia que siempre pide un episodio más.

En un panorama saturado de ciencia ficción que confunde complejidad con confusión, Pluribus apuesta por algo mucho más difícil: claridad temática, desarrollo paciente y personajes que importan. Y eso, hoy en día, es casi un acto de resistencia.

¿De qué trata Pluribus realmente?

La premisa es potente y perturbadora: una raza extraterrestre de mente colmena infecta a prácticamente todos los habitantes de la Tierra, despojándolos de su individualidad y convirtiéndolos en parte de un colectivo. Solo doce personas permanecen inmunes. Entre ellas está Carol Struk, interpretada magistralmente por Rhea Seehorn.

Sin embargo, Pluribus no es una serie sobre una invasión alienígena al uso. No va de batallas espectaculares ni de tecnología imposible. La mente colmena es, en realidad, una excusa narrativa para plantear una pregunta profundamente humana: ¿qué somos cuando dejamos de ser individuos? ¿Qué valor tienen el amor, el dolor o la memoria en un mundo donde todo se comparte?

Hay una comparación que no pude quitarme de la cabeza mientras veía la serie. De The Walking Dead se dijo en su momento que no era una serie de zombis, sino una serie de personas que vivían en un mundo de zombis. Algo muy similar ocurre aquí. Pluribus no va de alienígenas; va de personas intentando seguir siéndolo.

Carol Sturka

Vince Gilligan y la creación de un mundo sin relleno

Uno de los mayores aciertos de Pluribus es su estructura narrativa. Tras un primer episodio magnífico, la serie no se dispersa ni se pierde en subtramas irrelevantes. Todo lo que ocurre tiene un propósito claro, aunque ese propósito no siempre sea evidente en el momento.

He leído opiniones que afirman que la serie pierde interés después del segundo capítulo. En mi caso, la sensación fue justo la contraria. Pluribus no decae porque nunca deja de avanzar, aunque lo haga de forma tranquila. No hay episodios de relleno ni conflictos artificiales. Cada capítulo amplía el mundo, profundiza en los personajes o añade una nueva capa al conflicto central.

Vince Gilligan demuestra aquí una vez más su enorme talento para la construcción de escenarios narrativos. El mundo de Pluribus está lleno de pequeños detalles que lo hacen creíble, tangible. No todo se explica, y no todo necesita explicación inmediata. La serie confía en el espectador y le pide paciencia, algo cada vez más raro en la televisión actual.

Es cierto que el guion camina casi toda la temporada sobre hielo fino, especialmente cuando intenta explicar ciertos comportamientos de la mente colmena. Hay momentos en los que esa explicación amenaza con romper la suspensión de incredulidad. Pero lo notable es que, en general, no lo hace. La serie mantiene una gran credibilidad dentro de un marco claramente de ciencia ficción, y eso es un logro considerable.

Carol Struk: un personaje que sostiene toda la serie

Si Pluribus funciona tan bien es, en gran parte, por Carol Struk. Rhea Seehorn construye un personaje complejo, lleno de matices, que se convierte en el verdadero corazón de la serie.

Carol es inteligente, sarcástica, vulnerable y profundamente humana. Sus diálogos con “los otros” están cargados de ironía y tensión, y sirven para recordarnos constantemente que ella sigue siendo alguien, incluso cuando todo a su alrededor se ha convertido en un “nosotros”.

Al inicio de la serie, Carol está impulsada por una lucha feroz contra la mente colmena, motivada sobre todo por la pérdida de su pareja. Hay rabia, dolor y una necesidad casi visceral de resistirse a la conversión. Pero lo interesante es cómo esa motivación evoluciona con el paso de los episodios.

Zosia

La serie acierta de pleno al no convertir a Carol en una heroína inquebrantable. Es fuerte, sí, pero también se equivoca, duda y se contradice. Conforme avanza la temporada, emerge algo tan humano como inevitable: el amor. Su relación con Zosia se convierte en uno de los pilares emocionales de Pluribus y en el punto donde la serie alcanza un nivel especialmente alto.

Aquí Pluribus demuestra que entiende muy bien a sus personajes. El amor no aparece como una subtrama romántica convencional, sino como una amenaza y una salvación al mismo tiempo. Amar, en este mundo, es peligroso. Pero también es lo único que justifica seguir resistiendo.

Las escenas que definen la primera temporada

Aunque el primer episodio es impactante, Pluribus no se limita a un buen arranque. A lo largo de la temporada hay varias escenas que dejan huella, y no por su espectacularidad, sino por su carga emocional.

Una de las más duras llega en el inicio del último episodio, con la conversión de Kusimayu. La joven cuidando el cabritillo, todo el “circo” montado a su alrededor, la sensación de comunidad artificial que rodea el momento… incluso sin haberla visto antes, es imposible no pensar: “por favor, que no la conviertan”. Y cuando finalmente ocurre, cuando todo ese montaje desaparece y ella se marcha sin mirar atrás, el golpe es demoledor.

Esa escena resume muy bien lo que hace especial a Pluribus. La serie no busca el shock gratuito. Busca el dolor silencioso, la pérdida que no se grita. El horror no está en la conversión en sí, sino en lo que se pierde por el camino.

¿Decae Pluribus después del segundo episodio?

Esta es una de las críticas más repetidas, y sinceramente no la comparto en absoluto.

Pluribus no es una serie de giros constantes ni de cliffhangers agresivos. Su ritmo es pausado, pero siempre significativo. En cada episodio, Carol estudia, indaga y busca la forma de vencer a una amenaza que también quiere convertirla a ella. La tensión no nace de lo que va a pasar, sino de cómo va a afectar a los personajes.

Si alguien espera una serie de acción continua, probablemente se frustre. Pero quien entre en Pluribus con la mentalidad adecuada encontrará una historia sólida, coherente y muy bien medida.

Pluribus frente a Breaking Bad: una comparación inevitable

Comparar cualquier obra de Vince Gilligan con Breaking Bad es casi inevitable, pero también arriesgado. Son series muy distintas en tono y estructura, pero comparten un ADN común.

Pluribus no tiene la progresión moral descendente de Walter White ni la estructura de thriller criminal que definió a Breaking Bad. Sin embargo, sí comparte algo fundamental: el interés obsesivo por los procesos internos de los personajes. Como ocurría también en Better Call Saul, aquí importa tanto lo que sucede como la forma en que los personajes lo viven.

Gilligan vuelve a demostrar que no le interesa contar historias sobre grandes acontecimientos, sino sobre pequeñas decisiones. Decisiones que, acumuladas, terminan definiendo quiénes somos. En ese sentido, Pluribus es mucho más cercana a Better Call Saul que a Breaking Bad, aunque con un envoltorio de ciencia ficción.

El final de la temporada y el futuro de la serie

El tramo final de la primera temporada no ofrece respuestas cerradas, y eso es una virtud. Los últimos minutos del episodio lo cambian todo. Tras la revelación de Zosia, Carol y Manousos terminan convirtiéndose en aliados.

La serie deja abiertas muchas preguntas. ¿Qué ocurrirá con los habitantes de Kepler-22b? ¿Hasta qué punto la mente colmena es invencible? ¿Veremos a Carol sucumbir finalmente a la conversión? ¿Intentará Manousos traerla de vuelta si eso ocurre?

Con tres temporadas más confirmadas, el gran reto de Pluribus será saber cuándo detenerse. Existe el riesgo de alargar la historia más de lo necesario, pero también la posibilidad de construir un arco narrativo ambicioso y coherente. Por ahora, la serie ha demostrado que merece confianza.

manousos

¿Quién disfrutará más de Pluribus?

Pluribus no es una serie para todo el mundo, y eso juega a su favor. La disfrutarán especialmente quienes buscan una ciencia ficción reflexiva, centrada en personajes y emociones. Es una propuesta ideal para fans de Breaking Bad y Better Call Saul que valoran más el desarrollo psicológico que la acción constante.

También conectará con espectadores pacientes, dispuestos a dejarse llevar por una historia que se cuece a fuego lento, y con quienes disfrutan de relatos incómodos, que no ofrecen respuestas fáciles ni finales complacientes.

¿Merece la pena ver Pluribus?

Sí, sin ninguna duda. Pluribus es una serie exigente, pero profundamente gratificante. No es perfecta, pero es coherente, valiente y emocionalmente honesta. En un género donde abundan las fórmulas repetidas, se atreve a plantear preguntas incómodas y a confiar en la inteligencia del espectador.

A diferencia del enfoque más nostálgico y aventurero de Stranger Things temporada 5 de la que tanto se habla estos días, Pluribus apuesta por una ciencia ficción mucho más introspectiva y adulta.

Conclusión: una ciencia ficción humana, incómoda y necesaria

Pluribus no trata de invasiones alienígenas ni de amenazas externas, sino de identidad, amor y resistencia. Vince Gilligan vuelve a demostrar que es uno de los grandes narradores televisivos contemporáneos, y Rhea Seehorn sostiene la serie con una interpretación sobresaliente.

Si sabe cuándo terminar y no se traiciona a sí misma, Pluribus puede convertirse en una de las propuestas de ciencia ficción más interesantes y humanas de los últimos años.

Preguntas frecuentes sobre Pluribus

¿Merece la pena ver Pluribus?
Sí, especialmente si te interesa la ciencia ficción centrada en personajes y emociones.

¿Decae después del segundo episodio?
No. Mantiene el interés gracias a su coherencia y desarrollo progresivo.

¿Es comparable a Breaking Bad?
En enfoque narrativo y profundidad de personajes, sí; en estructura y género, no.


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Valoración Final

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