
“La doctora” es un excelente thriller psicológico en el que su autora, Claudia Reyes, desarrolla el dilema profesional en el que se encuentra la psiquiatra Alba Montes tras una brutal violación ocurrida ocho años antes.
Alba es una mujer muy joven, 34 años, metódica hasta la obsesión. El caso que se le presenta excede lo profesional hasta convertirse en personal porque a su consulta acaba de acudir su agresor Ricardo Solís con un trastorno disociativo severo. Solís no la reconoce debido a su importante pérdida de peso, el tiempo transcurrido y los cambios físicos de Montes.
La doctora encuentra la ocasión para hacer justicia, la que se le negó en los tribunales. El cambio que se produjo en ella tras la agresión y la sensación de indefensión que sintió cuando se absolvió a su autor y que ella ha estado alimentando durante estos años, ha devenido en un odio hacia su persona y hacia el sistema que no la defendió. Y Alba no duda. La lucha interna que mantiene se decanta hacia un único objetivo, hacer justicia, destruir al monstruo utilizando en su caída todo lo que sea necesario y la ocasión se le acaba de presentar.
Pero el dilema de Alba y sus primeras acciones están empezando a apoderarse de ella. En realidad ya lo han hecho y Alba tiene miedo. A pesar de ello y de ella misma, está decidida, su decisión es definitiva. Sus pensamientos reiterativos de lo sucedido hace ocho años no le han abandonado nunca. Un odio visceral se ha apoderado de ella hasta casi perder la cordura porque el plan preparado por la psiquiatra para destruir a Ricardo Solís es cruel y carente de humanidad.
La mente de Alba se ha distorsionado, ve la realidad pero adaptada a sus deseos. No quiere, no está bien, lo sabe, pero en su mente no hay otra salida y, así, todas las dudas que tenía han desaparecido.
Pero si la novela es muy entretenida y tiene además, un alto interés, es la descripción de la caída en picado de Alba, su autodestrucción, su metamorfosis y sobre todo el perfecto análisis de cómo un hecho puede influir en la vida de una persona hasta convertirla en un despojo lo que hace de “La doctora” una novela inquietante y perturbadora.
Con prácticamente dos actores sobre el escenario y con una omnipresente y magnífica Alba a lo largo de todo el relato, la narración es casi un monólogo de la psiquiatra en el que su mente se ha convertido en la dominante, que le hace debatirse entre lo que era y aquello en lo que Ricardo Solís la ha convertido y si antes dudaba, ahora siente el miedo.
No se conoce y se debate entre el bien y el mal, siempre presentes y en su mente difusos, pero palpables. La vida de Alba se ha fragmentado, algo se ha roto dentro de ella, su caída es irrefrenable y no puede pararla. Su razonamiento lógico ha desaparecido, otro irracional, duro y frío, la domina.
Claudia Reyes da un giro total a todo lo planteado cuando introduce un elemento crucial, la hija de Solís y cuando parecía que la joven psiquiatra comenzaba a resurgir cae de nuevo, se hunde. De dominar la situación vuelve a ser invadida por una ansiedad y una angustia ya casi permanentes, ante lo que una decisión suya ha provocado.
De qué trata “La doctora” de Claudia Reyes.
A la consulta de la psiquiatra Alba Montes, joven, metódica y brillante a pesar de su todavía corta trayectoria profesional, acude Ricardo Solís, la persona que hace ocho años la drogó y violó de manera salvaje. A partir de ese momento la voluntad de la doctora Montes se quiebra.
Reyes hace un admirable análisis de las consecuencias causadas por hechos traumáticos que llegan a afectar de manera grave. La incapacidad de la mente, por su alteración debido al efecto del fuerte shock emocional, para la toma de decisiones lógicas, la dificultad de mantener un equilibrio racional. Una profunda tristeza inunda el relato. Cuando a una víctima le falla el sistema ¿Qué le queda? ¿En quién confiar? Sus defensas desaparecen.
Fue víctima y lo será siempre, para en muchas ocasiones terminar, peligrosamente, culpándose a sí misma. Desde esta perspectiva la narración de Reyes es magistral con uno de los finales mejor construidos y que en mi opinión entrañaba una enorme dificultad porque debía de plasmar el dolor de la víctima, el sistema fallando y lo que es peor, destruyendo.
