
“Rosas Muertas” tiene un argumento poco usual. Pactos entre enemigos declarados para acabar con terceros.
La Mafia, sus problemas y sus respuestas de actuación, cuando las cosas se les tuercen. Delicado y complicado el tema que afronta Malenka Ramos y lo cierto es que lo solventa de manera inmejorable. La autora, tras una breve presentación de una particular pareja de inspectores, comienza con una situación tensa. Desde ese mismo momento la narración se instala en la mayor de las incertidumbres, con un interés que hace que uno se entregue a la lectura sin reparos.
La Mafia calabresa, la N´dranghetta, domina el mercado de la cocaína en Europa. Su poder se sustenta en la barbarie, el miedo, las amenazas, las palizas como aviso y el asesinato como solución final a cualquier problema que entorpezca sus planes. Desafían al poder establecido, imponiendo sus leyes o sus principios, falsos, basados en la mentira y el crimen. Pero cuando algo se sustenta sobre algo sucio, esa suciedad crea grietas y esas fisuras sangran y dejan huellas que nunca desaparecen, pero el Mal perdura.
Lo que sucede es que trabajar con La Mafia tiene problemas añadidos, el principal que los intereses no son los mismos y las formas y métodos muy diferentes. Todo es extremo. Todo va un poco más allá de lo imaginable. La Mafia no respeta las leyes porque sencillamente para ellos no existen. Sólo son válidas las suyas, variables siempre, porque están basadas exclusivamente en sus fines y en las necesidades de éstos en cada momento.
“Rosas Muertas” es una buena novela. Malenka refleja todas estas situaciones como si las hubiera vivido. Es admirable su visión de conjunto.
De qué trata “Rosas Muertas” de Malenka Ramos.
El asesinato de una joven, hija de un mafioso, conocido, y cuyo cadáver se encuentra en uno de sus almacenes, obliga a la policía, para evitar males mayores, a pactar con la mafia una actuación conjunta, para descubrir al autor. La petición es aceptada al venir ya mediatizada por pactos que ambos tienen anteriores. La Mafia italiana apoya a la Policía en el desmantelamiento de las redes de tráfico de drogas provenientes de Sudamérica.
Y el pacto se pone en marcha y la relación comienza. Los inspectores Kai Vila y Martina Mencía son los encargados de trabajar con dos capos calabreses, los hermanos Rinna, Bernabé y Marcello. Éste último de aspecto femboy y bixesual, pero sádico y psicópata donde los haya es emparejado con Kai. Bernabé con Martina. La relación entre éstos últimos va evolucionando de manera del todo anormal.
Pero las cosas, que hasta ahora no han ido bien, cuando uno se junta con lo peor, cuando dos fuerzas chocan, ocurre lo que debería haber sido contemplado y nadie previó. El relato es tensión pura que vibra e hiperventila. Las soluciones que se adopten nunca serán buenas porque vienen obligadas. Esas relaciones están destinadas al fracaso, las consecuencias arrastran proyectos y personas.
Como es de suponer Martina y Kai se equivocan. Confían en quien les está engañando antes de comenzar a trabajar en común. En mi opinión la novela tiene un fondo enorme. Por supuesto que “Rosas Muertas” es interesante y entretenida, pero el foco está puesto en la peligrosidad de las mafias, en su expansión y su proyección de futuro en la actual economía de mercado global.
Las mafias no sólo se han instalado ya en los poderes institucionales sino que están introducidas en los proyectos e infraestructuras más importantes por medio de ellos. Desde ahí operan ya y continuarán haciéndolo mediante la extorsión, amenazas, chantaje y asesinatos. Organización cuyo lema es honor y familia y que no dudan en transgredirlo siempre que lo consideren necesario. Todo lo que ocurre es tremendamente veraz y a la vez completamente anormal.
Malenka Ramos ha escrito una novela descarnada, cruda, con una claridad expositiva encomiable, con algún momento puntual en que puede intuirse un lado más humano en alguno de sus miembros, que no es más que apariencia, pura falacia. Lo único que mueve al crimen organizado es el dinero, mediante un único método, el asesinato.
Final fuerte, duro. Cuestionable decisión la de Martina, al menos poco racional y nada ética, que admitirá multitud de interpretaciones, todas, y sin depender del lado que se vean, pueden ser tan lógicas como discutibles, argumento difícil de entender si no se lee “Rosas Muertas”. Martina es un personaje difícil, de una complejidad extrema, muy bien creado.
No le importa caer si puede levantarse con lo que buscaba. Separada hace años de la persona con la que ahora tiene que trabajar sufre cambios. Impulsiva y temperamental y con un fuerte carácter, sin embargo la inspectora es frágil. La perspectiva desde la que ahora ve las cosas es muy distinta a la que tenía no ha mucho y como suele suceder, lo mismo se ve diferente, pero sigue siendo lo mismo y cuando mente y corazón diversifican su opinión, lo más probable es la equivocación.
Novela valiente y apasionante, que segrega adrenalina. Precisa en la concepción de una trama muy complicada, pero que Malenka desde el comienzo ha mantenido milimetrada. Las anómalas y extrañas relaciones entre la pareja de mafiosos con los inspectores y la de éstos entre sí, está manejada con mucho ingenio y coadyuva a mantener el alto grado de interés que ya el relato en sí mismo tiene.
